abril 08, 2011

Umberto Eco EL CEMENTERIO DE PRAGA


No sería arriesgado asegurar que durante el siglo XIX, y en especial desde su segunda mitad, Europa tejió los mimbres que acabarán convirtiendo el siglo XX en el más sangriento de la historia de la humanidad. Usos propios del antiguo régimen conviven, no con pocas contradicciones, con los que emanan de la revolución francesa. Surgen nuevas ideologías, como el socialismo o el comunismo, enfrentados a una iglesia combativa ante el peligro que representan las modernas corrientes de pensamiento. Las alianzas entre países se sostienen sobre hilos tan finos que resulta difícil establecer quien es aliado o quien enemigo. La diplomacia ya no se lleva sólo desde las embajadas: espias, embaucadores, aventureros, grupos de presión, órdenes religiosas y sociedades secretas actúan desde el subsuelo, quien sabe si al servicio de otros o de sus propios intereses.

En este complejo escenario sitúa Umberto Eco su última novela y lo hace sintetizando en una sóla persona, el indeseable Simonini, buena parte de las intrigas que agitaron esa época. De la mano de este miserable falsificador conoceremos los orígenes del antisemitismo moderno, cómo se fabricaron teorías conspirativas y cómo éstas, bien manejadas por el poder para sus intereses, se usaron para espolear los peores instintos de la población valiéndose de los incipientes los medios de comunicación de masas.

Que nadie espere en “El cementerio de Praga” una novela de capa y espada. Y mucho menos una historia al estilo de “El nombre de la Rosa”. Umberto Eco ha parido un libro denso, bronco en algunas ocasiones y teñido de un macabro sentido del humor en otras, que relexiona sobre los orígenes de la era moderna, si por moderna entendemos esta sociedad en la que hoy día vivimos.
Debo reconocer que esta novela me ha gustado mucho. Por desgracia, soy de los que piensan que el hecho de que aun se asesine tanto en nombre de la fe o de la razón, o de que sigamos instalados en el miedo-odio al diferente, demuestran que estamos lejos de abandonar ese ciclo histórico cuyos albores tan bien describe Umberto Eco. Nos hallamos a años luz de la postmodernidad.

abril 07, 2011

Reyes Calderon LOS CRÍMENES DEL NÚMERO PRIMO

"El terror irrumpe en el monasterio de Leire"... y la literatura lo abandona despavorida desde la primera página.

Los Thrillers de ambientación religiosa tuvieron un gran boom tras "el nombre de la rosa". Quizá habría que situar a "los crímenes del número primo" en este subgénero, pero lo cierto es que la obra con que se despacha Reyes Calderón tiene más que ver con las aventuras de Santa Teresita del niño Jesús que con la que en su día protagonizara fray Guillermo de Baskerville.

"Los crímenes del número primo" es un libro con un guión que de inconsistente resulta absurdo, escrito además sin el menor sentido del ritmo narrativo. Una obra que puede llegar a asombrar al lector no por la trama, que no se aguanta por ningún lado, sino por la permanente loa a curas, obispos y cardenales, así como por la admiración casi morbosa de la autora por provincianos engominados. Cuanto más de derechas mejor.

Y no crean que escribo esto condicionado por el tufo a sacristía que la obra desprende. Sencillamente es que es un libro muy malo. Una novela que solo puede hacer las delicias a beatonas poco leídas y a miembros del Opus, más ordinarios que supernumerarios, me temo.
Eso sí, imagino que a Ana Botella le encantará.

enero 04, 2008

Juan Eslava Galán HISTORIA DE ESPAÑA CONTADA PARA ESCÉPTICOS

“No pretendo escribir la historia que escribiría el pueblo, que el pueblo es ágrafo por naturaleza, sino más bien una historia de España contada a los escépticos que no creen en la historia de España. No voy a decir que es veraz, justa y desapasionada, porque ninguna historia lo es, pero por lo menos no miente ni trasgiversa a sabiendas, que ya es bastante en los tiempos que corren”

Resumir la historia de España en apenas 400 páginas tiene su mérito. Hacerlo de forma amena mucho más. Y disfrutar de la socarronería, el cinismo y, en definitiva, del agudo sentido del humor del que hace gala Eslava Galán tanto para la crítica más feroz como para mostrar los sentimientos más humanos, es todo un lujo

La historia de España contada para escépticos es una obra tan desmitificadora como compasiva, rigurosa como sencilla de leer. Su cómoda estructura de capítulos, facilita además las consultas posteriores, cada vez que desee refrescar algún pasaje concreto de la historia de nuestro país. Un libro que debería ser de obligada lectura en las escuelas, aunque sólo sea para que nuestros retoños sepan, para bien y para mal, de donde viene este país en el que viven.

Tanto si usted ama a su país como si es de aquellos a los que el concepto de España se la “suda”, si es de los que creen inminente la rotura de la piel de toro -como el propio autor- o de los que la desean, le recomiendo esta obra. Solo se precisa una mínima apertura mental para disfrutarla y capacidad para reírse hasta -o sobre todo- de nosotros mismos.

Por ello, dudo que agrade a los intolerantes o aquellas personas -que haberlas hailas- desprovistas del más elemental sentido del humor.

diciembre 31, 2007

Martí Gironell EL PONT DELS JUEUS (EL PUENTE DE LOS JUDÍOS)

PRIMER GANADOR DEL PREMIO TRUÑOLIBRO EN SU EDICIÓN 2007

Aunque esta novela se ha colado ante mis sufridos ojos en las postrimerías del año, no cabe la menor duda de que “El pont dels jueus” merece alzarse con el premio al peor libro que haya podido leer durante todo 2007.

La novlea de Martí Gironell ha hecho buena “la bodega” de Noah Gordon, ha salvado de la quema a “el Afgano”, de Forsyht -quien, a fin de cuentas, es víctima de su propio estilo- y, siendo tan malo como “la clave Gaudí” de Carranza y Martín resulta mucho menos original.

A partir de “los pilares de la tierra” de Ken Follet parece haberse instalado un subgénero de novela histórica, en la que bajo la excusa de construir lo que sea -catedrales, iglesias, puentes...- se reconstruye un período histórico, con preferencia a lo medieval, que sirve de marco a aventuras de capa y espada.

“La Catedral del Mar” de Ildefonso Falcones es un claro ejemplo de este estilo. Una estupenda recreación histórica enfrentada a una trama, unos personajes y unas situaciones más propias de la literatura infantil o juvenil que de una novela para adultos.

“El pont del jueus” da una vuelta de tuerca más a esta fórmula. La ambientación dista de ser correcta -lo cual en una ficción tampoco es importante-, la trama es un batiburrillo de inconexiones y sin sentidos y los personajes disponen de tan escaso perfil que acaban situándose en un plano en el que que, de puro tontos, pierden toda credibilidad.

Añadan a esto una influencia muy mal digerida de ascendentes literarios como Harry Potter -a años luz de esta novela- y entenderán los motivos que me impulsan a proclamar a “el pont del jueus” como el peor libro que he tenido el dudoso placer de leer en 2007.

Pd: Como es lógico esta visión es subjetiva, personal y no tienen por qué tomarla en consideración. Eso sí, después no digan que no les avisé.

diciembre 28, 2007

Alicia Giménez Barlett UN BARCO CARGADO DE ARROZ


“Me das asco, tío, me das asco. Voy a ir a por ti, a la mínima que hagas yo sí voy a matarte, ¿me entiendes?, te mataré y luego amañaremos las pruebas para que nadie me acuse. Hay que limpiar de basuras esta ciudad, en eso lleváis razón”. (La inspectora Petra Delicado mientras encañona en la boca a un skin en comisaría)

Vuelve Petra Delicado y lo hace más histérica que nunca. No se puede decir que la inspectora lleve bien el tránsito a la vejez y cuando no desahoga sus propias frustraciones a copazos lo hace vertiendo su mala leche contra todo bicho viviente.

En medio, una trama que ya empieza a ser arquetípica en nuestra novela negra: las conexiones entre los sectores más marginales y las clases más poderosas a través del crimen y la ilegalidad. Nada nuevo bajo el sol.

Si han seguido la saga de Petra Delicado y el subinspector Garzón descubrirán lo poco que han cambiado en estos años, aunque disfrutarán al reencontrarse con dos viejos conocidos. Por el contrario, si se acercan por primera vez al imaginario de la Alicia Jiménez Barlett, hallarán en un barco cargado de arroz una novela policíaca digna y poco más. Lo cual no es poco.

Eso sí, reconozco que me preocupa el futuro de estos policías, ahora que los Mossos d’Esquadra han asumido las funciones policiales en Barcelona. La verdad, a estas alturas no me los imagino cambiando de cuerpo.

Claro que, a juzgar por las hostias que reparte Petra, bien podría acabar en la comisaría de “les Corts”.

Paul Torday. LA PESCA DEL SALMÓN EN YEMEN

“¡Y ahora vienen unos árabes diciendo que quieren salmones! ¡En Yemen! ¡Para pescar! Pues claro que piensan que estamos medio locos!”
(Jeque Mohamed ben Zaidi al Dr. Alfred Jones)

Reconozco que tomé este libro entre mis esperando enfrentarme a un émulo de Tom Sharpe. Y aunque sus páginas destilan humor muy británico que abarca desde la ironía a las situaciones más delirantes -no se pierdan la surrealista escaleta del concurso televisivo para países árabes en conflicto- debo reconocer que la novela de Paul Torday va mucho más allá.
La pesca del Salmon en Yemen es una continua metáfora de la sociedad que nos ha tocado vivir y que refleja sus anhelos, incomprensiones, sueños e injusticias. Una caricatura tan divertida como poco inocente, planteada con un sentido crítico corrosivo e inmisericorde.
La obra se hilvana a base de memorandums, e-mails, actas, comunicados, cartas, notas de prensa o extractos de un diario personal, soportes que marcan el estilo de la obra.
En definitiva, un libro ameno, muy actual y que ofrece suficientes matices como para que el lector lo disfrute más allá del simple divertimento.

diciembre 16, 2007

Premio Truñolibro 2007

El premio al peor libro que haya leído durante el año va ha estar muy disputado en la presente -y primera- edición. Desde luego, La bodega de Noah Gordon reúne todos los requisitos para alzarse con el galardón, aunque deberá medirse a obras tan espantosas como El afgano de Frederyck Forsyth o La clave Gaudí, de Esteban Martín y Andreu Carranza.

Eso sí, La bodega es un libro ideal para regalar en estas fiestas a aquellos cuyo acercamiento a la literatura empieza -y en muchos casos acaba- con novelas como Los pilares de la tierra o La catedral del mar. Es lo mismo pero en peor, con lo que quizá a sus receptores les guste tanto o más.

Para colmo, antes de que acabe el año aún dará tiempo a que se postule otro firme candidato al truñolibro 2007. Según mi esposa, El pont dels jueus -El puente de los judíos en castellano- se presenta como caballo ganador. Miedo me da.

Por cierto, se aceptan sugerencias.

De nuevo en la brecha

Me despedía en el artículo anterior diciendo que "veinte años no es nada". Por lo tanto, este paréntesis de poco más de uno debería considerarse pura anécdota.
El caso es que sigo echando de menos hablar de libros y mi blog principal no parece ser el foro más adecuado para ello.

Así que trataré de recuperar tan sana costumbre desde aquí. A fin de cuentas, abriendo la quinta puerta fue mi primera experiencia en el mundo de los blogs y le tengo un cariño especial.

Eso sí, no prometo nada

junio 16, 2006

Arturo Pérez Reverte EL PINTOR DE BATALLAS

... "Sólo buscaba ver el mundo en su dimensión real, sin el barniz de la falsa normalidad; poniendo los dedos donde latía el pulso terrible de la vida, aunque los retirase manchados de sangre”.
Existe un tipo de personas de los que la gente suele huir. Se les distingue enseguida. Son aquellos que en cuanto te cogen desprevenido empiezan a relatarte, sin la menor piedad, sus aventuras en la “mili”. O sus viajes. Todo lo saben y todo lo han visto. Pues bien, a los reporteros de guerra –y sobre todo a los ex reporteros- les sucede más o menos lo mismo. Sin negar los riesgos de su oficio, muchas otras profesiones se desenvuelven en el lado oscuro de la vida sin que sus protagonistas nos den tanto el coñazo: Médicos, enfermeros, policías, bomberos, inspectores de siniestros, soldados, asistentes sociales, inspectores de seguros, jueces, enterradores, forenses, camioneros y taxistas, por ejemplo.

Reverte ha explotado la glorificación del reportero de guerra hasta límites difícilmente superables, excepción hecha de Oriana Fallaci. De hecho, me atrevería a decir que ha inventado un personaje sobre si mismo. En sus últimos libros o relatos parece más un teórico, cronista, estudioso y estratega de la guerra que un simple periodista. Todo por su experiencia acumulada visitando tantos campos de batalla.

Pues bien, conviene recordarle que solo ha sido un privilegiado. Las personas, excepción hecha de los mercenarios y, hasta cierto punto los militares de oficio, no acuden por gusto a la guerra. La guerra es un horror que atrapa y envuelve a todo ser humano que se encuentra dentro de los límites del conflicto, sin que en la mayoría de los casos exista la menor opción de huída. Por contra, el corresponsal acude por gusto o vocación y lo hace con billete de ida y vuelta. Una vez en destino suele disponer de refugios en forma de hoteles de lujo situados a muchos kilómetros de los escenarios de la contienda real y en bastantes ocasiones tan siquiera visita las zonas de peligro, sino que tira de redes locales u otros chanchullos. Nada glorioso, vamos.

.Claro que mueren periodistas de guerra. Es una desgracia pero cada oficio tiene su riesgo y éste, estadísticamente hablando, es muy menor al de militares, policías u obreros de la construcción.

Total, que cada vez aguanto menos tanta arenga político-guerrera, tanto ensalzamiento de los valores castrenses y tantas ganas de comentar detalles morbosamente espeluznantes por parte de unos personajes que, como Arturo Pérez-Reverte, JAMAS han padecido ninguna guerra, sino que han vivido gracias a ellas.

Y es una pena, porque el Reverte escritor, el contador de historias, el que parió obras tan redondas como La piel del tambor, El club Dumas o La reina del Sur tiene un lugar destacado en mi imaginario literario. Un hueco que no llena Trafalgar y mucho menos este El pintor de batallas, por bien escrito que esté.

Arturo Pérez-Reverte es un gran enamorado de la literatura clásica de aventuras: Verne, Salgari, Dumas Stevenson… Le recuerdo que ninguno de estos autores se consagró por contarnos sus vidas sino por trasladarnos a mundos maravillosos gracias a las historias que parieron.

Por tanto, pediría a Reverte que recupere su capacidad innata de escribir buenas novelas. Y que deje las batallitas para sus nietos

mayo 22, 2006

Eduardo Mendoza - MAURICIO Y LAS ELECCIONES PRIMARIAS

"A pesar de la perspectiva de los juegos olímpicos, la ciudad había caído en una especie de tristeza incómoda".
Vuelve Eduardo Mendoza y lo hace con la crónica sentimental de un pasado tan cercano que casi podemos rozarlo con los dedos, que el autor sitúa en Barcelona, entre las segunas elecciones autonómicas y la designación de la capital como sede olímpica. Esto es, entre 1985 y 1986.
En ese contexto se mueve Mauricio, un dentista acomoddo que en base a algunos actos que ni él mismo explica intentará aferrarse a los pocos ideales sociales que aun le quedan. Y lo hará entrando en política, colaborando para el PSC.
Ahí conocerá una serie de personajes, activistas de barrios obreros, que ya en aquellas épocas parecen ejemplares en peligro de extinción. Se sumergirá en un mundo proletario que ni es el suyo ni le interesa y hasta teme, consciente de que la ciudad, para bien o para mal, navega ya en otra dirección. Y el socialismo del que hace gala tambien. El dentista nunca perderá de vista a qué grupo social pertenece.
Mauricio o las elecciones primarias es una novela bien planteada y, pese a ser la primera obra no paródica del autor en diez años, quien disfrute con el estilo más esperpéntico de Eduardo Mendoza no se sentirá defraudado. Estampas como la actuación de "la Porritos" satisfarán a los que, como el que esto escribe, relee aun de forma periodica "El misterio de la cripta encantada", "El laberinto de las aceitunas" o "La aventura del tocador de señoras".
Pese a todo no es un gran libro. Que nadie espere encontrar aquí algo similar a "La ciudad de los prodigios".. Además, justo es decirlo, encontramos a un Mendoza un tanto clasista, cuya sátira de las clases populares, por su simplificación, puede llegar a herir quien, como yo mismo, proviene de ese extracto social.
Y, pese a los disfraces, me temo que ahí sigo. En 1986 recuerdo que firmé la primera hipoteca para un piso.
Hoy, transfromada, reconvertida y ampliada, aun la sigo pagando.
Como cantaba Gardel "veinte años no es nada"