Abriendo la quinta puerta

Refexiones sobre libros y literatura

enero 04, 2008

Juan Eslava Galán HISTORIA DE ESPAÑA CONTADA PARA ESCÉPTICOS

“No pretendo escribir la historia que escribiría el pueblo, que el pueblo es ágrafo por naturaleza, sino más bien una historia de España contada a los escépticos que no creen en la historia de España. No voy a decir que es veraz, justa y desapasionada, porque ninguna historia lo es, pero por lo menos no miente ni trasgiversa a sabiendas, que ya es bastante en los tiempos que corren”

Resumir la historia de España en apenas 400 páginas tiene su mérito. Hacerlo de forma amena mucho más. Y disfrutar de la socarronería, el cinismo y, en definitiva, del agudo sentido del humor del que hace gala Eslava Galán tanto para la crítica más feroz como para mostrar los sentimientos más humanos, es todo un lujo

La historia de España contada para escépticos es una obra tan desmitificadora como compasiva, rigurosa como sencilla de leer. Su cómoda estructura de capítulos, facilita además las consultas posteriores, cada vez que desee refrescar algún pasaje concreto de la historia de nuestro país. Un libro que debería ser de obligada lectura en las escuelas, aunque sólo sea para que nuestros retoños sepan, para bien y para mal, de donde viene este país en el que viven.

Tanto si usted ama a su país como si es de aquellos a los que el concepto de España se la “suda”, si es de los que creen inminente la rotura de la piel de toro -como el propio autor- o de los que la desean, le recomiendo esta obra. Solo se precisa una mínima apertura mental para disfrutarla y capacidad para reírse hasta -o sobre todo- de nosotros mismos.

Por ello, dudo que agrade a los intolerantes o aquellas personas -que haberlas hailas- desprovistas del más elemental sentido del humor.

diciembre 31, 2007

Martí Gironell EL PONT DELS JUEUS (EL PUENTE DE LOS JUDÍOS)

PRIMER GANADOR DEL PREMIO TRUÑOLIBRO EN SU EDICIÓN 2007

Aunque esta novela se ha colado ante mis sufridos ojos en las postrimerías del año, no cabe la menor duda de que “El pont dels jueus” merece alzarse con el premio al peor libro que haya podido leer durante todo 2007.

La novlea de Martí Gironell ha hecho buena “la bodega” de Noah Gordon, ha salvado de la quema a “el Afgano”, de Forsyht -quien, a fin de cuentas, es víctima de su propio estilo- y, siendo tan malo como “la clave Gaudí” de Carranza y Martín resulta mucho menos original.

A partir de “los pilares de la tierra” de Ken Follet parece haberse instalado un subgénero de novela histórica, en la que bajo la excusa de construir lo que sea -catedrales, iglesias, puentes...- se reconstruye un período histórico, con preferencia a lo medieval, que sirve de marco a aventuras de capa y espada.

“La Catedral del Mar” de Ildefonso Falcones es un claro ejemplo de este estilo. Una estupenda recreación histórica enfrentada a una trama, unos personajes y unas situaciones más propias de la literatura infantil o juvenil que de una novela para adultos.

“El pont del jueus” da una vuelta de tuerca más a esta fórmula. La ambientación dista de ser correcta -lo cual en una ficción tampoco es importante-, la trama es un batiburrillo de inconexiones y sin sentidos y los personajes disponen de tan escaso perfil que acaban situándose en un plano en el que que, de puro tontos, pierden toda credibilidad.

Añadan a esto una influencia muy mal digerida de ascendentes literarios como Harry Potter -a años luz de esta novela- y entenderán los motivos que me impulsan a proclamar a “el pont del jueus” como el peor libro que he tenido el dudoso placer de leer en 2007.

Pd: Como es lógico esta visión es subjetiva, personal y no tienen por qué tomarla en consideración. Eso sí, después no digan que no les avisé.

diciembre 28, 2007

Alicia Giménez Barlett UN BARCO CARGADO DE ARROZ


“Me das asco, tío, me das asco. Voy a ir a por ti, a la mínima que hagas yo sí voy a matarte, ¿me entiendes?, te mataré y luego amañaremos las pruebas para que nadie me acuse. Hay que limpiar de basuras esta ciudad, en eso lleváis razón”. (La inspectora Petra Delicado mientras encañona en la boca a un skin en comisaría)

Vuelve Petra Delicado y lo hace más histérica que nunca. No se puede decir que la inspectora lleve bien el tránsito a la vejez y cuando no desahoga sus propias frustraciones a copazos lo hace vertiendo su mala leche contra todo bicho viviente.

En medio, una trama que ya empieza a ser arquetípica en nuestra novela negra: las conexiones entre los sectores más marginales y las clases más poderosas a través del crimen y la ilegalidad. Nada nuevo bajo el sol.

Si han seguido la saga de Petra Delicado y el subinspector Garzón descubrirán lo poco que han cambiado en estos años, aunque disfrutarán al reencontrarse con dos viejos conocidos. Por el contrario, si se acercan por primera vez al imaginario de la Alicia Jiménez Barlett, hallarán en un barco cargado de arroz una novela policíaca digna y poco más. Lo cual no es poco.

Eso sí, reconozco que me preocupa el futuro de estos policías, ahora que los Mossos d’Esquadra han asumido las funciones policiales en Barcelona. La verdad, a estas alturas no me los imagino cambiando de cuerpo.

Claro que, a juzgar por las hostias que reparte Petra, bien podría acabar en la comisaría de “les Corts”.

Paul Torday. LA PESCA DEL SALMÓN EN YEMEN

“¡Y ahora vienen unos árabes diciendo que quieren salmones! ¡En Yemen! ¡Para pescar! Pues claro que piensan que estamos medio locos!”
(Jeque Mohamed ben Zaidi al Dr. Alfred Jones)

Reconozco que tomé este libro entre mis esperando enfrentarme a un émulo de Tom Sharpe. Y aunque sus páginas destilan humor muy británico que abarca desde la ironía a las situaciones más delirantes -no se pierdan la surrealista escaleta del concurso televisivo para países árabes en conflicto- debo reconocer que la novela de Paul Torday va mucho más allá.

La pesca del Salmon en Yemen es una continua metáfora de la sociedad que nos ha tocado vivir y que refleja sus anhelos, incomprensiones, sueños e injusticias. Una caricatura tan divertida como poco inocente, planteada con un sentido crítico corrosivo e inmisericorde.

La obra se hilvana a base de memorandums, e-mails, actas, comunicados, cartas, notas de prensa o extractos de un diario personal, soportes que marcan el estilo de la obra.

En definitiva, un libro ameno, muy actual y que ofrece suficientes matices como para que el lector lo disfrute más allá del simple divertimento.

diciembre 16, 2007

Premio Truñolibro 2007

El premio al peor libro que haya leído durante el año va ha estar muy disputado en la presente -y primera- edición. Desde luego, La bodega de Noah Gordon reúne todos los requisitos para alzarse con el galardón, aunque deberá medirse a obras tan espantosas como El afgano de Frederyck Forsyth o La clave Gaudí, de Esteban Martín y Andreu Carranza.

Eso sí, La bodega es un libro ideal para regalar en estas fiestas a aquellos cuyo acercamiento a la literatura empieza -y en muchos casos acaba- con novelas como Los pilares de la tierra o La catedral del mar. Es lo mismo pero en peor, con lo que quizá a sus receptores les guste tanto o más.

Para colmo, antes de que acabe el año aún dará tiempo a que se postule otro firme candidato al truñolibro 2007. Según mi esposa, El pont dels jueus -El puente de los judíos en castellano- se presenta como caballo ganador. Miedo me da.

Por cierto, se aceptan sugerencias.

De nuevo en la brecha

Me despedía en el artículo anterior diciendo que "veinte años no es nada". Por lo tanto, este paréntesis de poco más de uno debería considerarse pura anécdota.
El caso es que sigo echando de menos hablar de libros y mi blog principal no parece ser el foro más adecuado para ello.

Así que trataré de recuperar tan sana costumbre desde aquí. A fin de cuentas, abriendo la quinta puerta fue mi primera experiencia en el mundo de los blogs y le tengo un cariño especial.

Eso sí, no prometo nada

junio 16, 2006

Arturo Pérez Reverte EL PINTOR DE BATALLAS

... "Sólo buscaba ver el mundo en su dimensión real, sin el barniz de la falsa normalidad; poniendo los dedos donde latía el pulso terrible de la vida, aunque los retirase manchados de sangre”.

Existe un tipo de personas de los que la gente suele huir. Se les distingue enseguida. Son aquellos que en cuanto te cogen desprevenido empiezan a relatarte, sin la menor piedad, sus aventuras en la “mili”. O sus viajes. Todo lo saben y todo lo han visto. Pues bien, a los reporteros de guerra –y sobre todo a los ex reporteros- les sucede más o menos lo mismo. Sin negar los riesgos de su oficio, muchas otras profesiones se desenvuelven en el lado oscuro de la vida sin que sus protagonistas nos den tanto el coñazo: Médicos, enfermeros, policías, bomberos, inspectores de siniestros, soldados, asistentes sociales, inspectores de seguros, jueces, enterradores, forenses, camioneros y taxistas, por ejemplo.

Reverte ha explotado la glorificación del reportero de guerra hasta límites difícilmente superables, excepción hecha de Oriana Fallaci. De hecho, me atrevería a decir que ha inventado un personaje sobre si mismo. En sus últimos libros o relatos parece más un teórico, cronista, estudioso y estratega de la guerra que un simple periodista. Todo por su experiencia acumulada visitando tantos campos de batalla.

Pues bien, conviene recordarle que solo ha sido un privilegiado. Las personas, excepción hecha de los mercenarios y, hasta cierto punto los militares de oficio, no acuden por gusto a la guerra. La guerra es un horror que atrapa y envuelve a todo ser humano que se encuentra dentro de los límites del conflicto, sin que en la mayoría de los casos exista la menor opción de huída. Por contra, el corresponsal acude por gusto o vocación y lo hace con billete de ida y vuelta. Una vez en destino suele disponer de refugios en forma de hoteles de lujo situados a muchos kilómetros de los escenarios de la contienda real y en bastantes ocasiones tan siquiera visita las zonas de peligro, sino que tira de redes locales u otros chanchullos. Nada glorioso, vamos.

.Claro que mueren periodistas de guerra. Es una desgracia pero cada oficio tiene su riesgo y éste, estadísticamente hablando, es muy menor al de militares, policías u obreros de la construcción.

Total, que cada vez aguanto menos tanta arenga político-guerrera, tanto ensalzamiento de los valores castrenses y tantas ganas de comentar detalles morbosamente espeluznantes por parte de unos personajes que, como Arturo Pérez-Reverte, JAMAS han padecido ninguna guerra, sino que han vivido gracias a ellas.

Y es una pena, porque el Reverte escritor, el contador de historias, el que parió obras tan redondas como La piel del tambor, El club Dumas o La reina del Sur tiene un lugar destacado en mi imaginario literario. Un hueco que no llena Trafalgar y mucho menos este El pintor de batallas, por bien escrito que esté.

Arturo Pérez-Reverte es un gran enamorado de la literatura clásica de aventuras: Verne, Salgari, Dumas Stevenson… Le recuerdo que ninguno de estos autores se consagró por contarnos sus vidas sino por trasladarnos a mundos maravillosos gracias a las historias que parieron.

Por tanto, pediría a Reverte que recupere su capacidad innata de escribir buenas novelas. Y que deje las batallitas para sus nietos

mayo 22, 2006

Eduardo Mendoza - MAURICIO Y LAS ELECCIONES PRIMARIAS

"A pesar de la perspectiva de los juegos olímpicos, la ciudad había caído en una especie de tristeza incómoda".

Vuelve Eduardo Mendoza y lo hace con la crónica sentimental de un pasado tan cercano que casi podemos rozarlo con los dedos, que el autor sitúa en Barcelona, entre las segunas elecciones autonómicas y la designación de la capital como sede olímpica. Esto es, entre 1985 y 1986.

En ese contexto se mueve Mauricio, un dentista acomoddo que en base a algunos actos que ni él mismo explica intentará aferrarse a los pocos ideales sociales que aun le quedan. Y lo hará entrando en política, colaborando para el PSC.

Ahí conocerá una serie de personajes, activistas de barrios obreros, que ya en aquellas épocas parecen ejemplares en peligro de extinción. Se sumergirá en un mundo proletario que ni es el suyo ni le interesa y hasta teme, consciente de que la ciudad, para bien o para mal, navega ya en otra dirección. Y el socialismo del que hace gala tambien. El dentista nunca perderá de vista a qué grupo social pertenece.

Mauricio o las elecciones primarias es una novela bien planteada y, pese a ser la primera obra no paródica del autor en diez años, quien disfrute con el estilo más esperpéntico de Eduardo Mendoza no se sentirá defraudado. Estampas como la actuación de "la Porritos" satisfarán a los que, como el que esto escribe, relee aun de forma periodica "El misterio de la cripta encantada", "El laberinto de las aceitunas" o "La aventura del tocador de señoras".

Pese a todo no es un gran libro. Que nadie espere encontrar aquí algo similar a "La ciudad de los prodigios".. Además, justo es decirlo, encontramos a un Mendoza un tanto clasista, cuya sátira de las clases populares, por su simplificación, puede llegar a herir quien, como yo mismo, proviene de ese extracto social.

Y, pese a los disfraces, me temo que ahí sigo. En 1986 recuerdo que firmé la primera hipoteca para un piso.

Hoy, transfromada, reconvertida y ampliada, aun la sigo pagando.

Como cantaba Gardel "veinte años no es nada"

mayo 14, 2006

Santiago Roncagliolo - ABRIL ROJO


"- Usted me preguntó si yo creía en el cielo. Creo en el infierno, señor fiscal. Vivo ahí. EL infierno es no poder morir".

Perú, año 2000. Una extraña sucesión de crímenes. El autor puede ser un asesino en serie, aunque no se descarta un resurgimiento de Sendero Luminoso, organización oficialmente extinguida. Al fiscal distrital adjunto Félix Chacaltana Saldívar no le importa. No tiene ideas preconcebidas. Solo confía en el reglamento para aclarar las muertes. El reglamento rige toda su vida... hasta que se sumerja en el horror.

Es difícil no usar paralelismos cinematográficos para definir la novela de Santiago Roncagliolo. Si le gustó "Seven" y venera "Apocalipse Now" corra raudo a comprar este libro. Abril Rojo es una historia dura, sin apenas concesiones, que desde un aparente folclorismo le transportará a paisajes de terror difíciles de olvidar.

Abril Rojo no es un libro de terror. Es una crónica del mal. Y el mal adopta muchas caras. Quizá por ello las imágenes más terribles del libro no son las referidas a asesinatos y mutilaciones -que las hay- sino a espantos mucho más cotidianos.

Un aviso: No se encariñen de ningún personaje. Le defraudará. Y no espere un final feliz

Blog del autor: www.elboomeran.com

octubre 16, 2005

César Vidal: LOS MASONES


Mayúscula sorpresa: Soy masón.
Masonazo incluso, como diría aquel ser pequeñito y de voz aflautada. Y eso que en mi vida me he puesto otro mandil que no sea el que en ocasiones uso para trajinar por la cocina. Claro que, bien mirado, el que de forma consciente asuma labores domésticas impropias de mi condición masculina, a ojos César Vidal debe ser una prueba palpable de como conspiro para destruir la tradición familiar y cristiana, legada como un tesoro por mis antepasados.
Debo ser masón porque me considero progresista. Masón porque hace ya muchos años renuncié a cualquier religión, masón porque no lloro la desintegración del imperio español como una conspiración urdida por oscuros intereses, ni me hago cruces ante la independencia de nuestras "colonias" de américa latina. Masón soy, sin duda, al no considerarme monárquico y creer en conceptos como la democracia, abjurar de cualquier absolutismo y tener como bandera -masónica sin duda- los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Masón soy y seré a la postre por haber nacido en Catalunya y no arrepentirme de ello, con lo que además me hago acreedor de otros títulos como nacionalista radical, extremista de izquierdas, revolucionario y antisistema. (esto último, lo de "antisistema", es literal). Por no alargar más a lista, soy implacable masón porque no voto al Partido Popular y, desde luego, no comparto su ideario.
Tras este descubrimiento, lo lógico sería acudir corriendo a cualquier logia, ya que con semejante perfil no debería tener ningún problema para acceder a las más altas dignidades en el seno de estas organizaciones. Aunque a todo el mundo le gusta un poco la parafernalia, no pienso hacerlo por dos motivos principales.
1. Porque la competencia sería durísima. Por mas que sorprenda a Don César Vidal, somos muchos, muchísmos los que pensamos de forma más o menos similar. Las logias no darían abasto, si pretendieran acoger en su seno a todo aquel que huya despavorido ante el discurso de personajes como Pío Moa, Federico Jiménez Losantos o el autor que ahora nos ocupa.
2. Porque, además, se da la circunstancia de que quien esto escribe ha tenido que bucear en la historia de la masonería, en especial en las sociedades secretas francesas del finales del XIX y principios del XX y los resultados de esta investigación en nada concuerdan con lo expuesto en este libro. Masones hubo en todo bando e ideología, estamento o asociación y, al menos en los añlos citados, abundaron más en Francia los masones monárquicos que los republicanos. Sin embargo, no vale ni la pena rebatir tanta inexactitud cuando desde las primeras páginas de Los masones se evidencia el interés ideológico que el presunto historiador tenía en mente antes siquiera de empezar a plantear su obra.
No suelo resumir los libros que critico en "Abriendo la quinta puerta". Con Los Masones de César Vidal haré una excepción. Me lo pide el cuerpo. Es más, me atrevo incluso a hacerlo en forma de cuento. Empiezo
"Érase una vez que se era un mundo antiguo, que vivía en la felicidad de unos estados gobernados por reyes buenos, embarcados en justas guerras, que no dudaban en anexionarse territorios ajenos con el fin de civilizarlos y que se desvivían por garantizar la felicidad de sus súbditos al extremo de que les imponían justicia, cobraban impuestos y les libraban de la tediosa carga de tener que elegir a sus gobernantes. El pueblo llano no cabía en sí de júbilo y donaba agradecido sus diezmos tanto a aquellos nobles como a una Iglesia bonachona y algo paternalista que reinvertía el todo monto acumulado en obras de caridad mientras velaba por la buena salud moral de sus protegios, al tiempo que con amables artes trataba de atraerse nuevos súbditos de las zonas conquistadas por sus reyes y señores. Una Arcadia, en fin, por la que el autor, cuatro siglos más tarde, aun suspira de añoranza. Qué tiempos aquellos.
Y es que, queridos lectores, sé que se os encogerá el corazón cuando os diga que en seno de aquella Sociedad Ideal estaba germinando la semilla de la destrucción. Sí, amigos míos, el mejor árbol a veces engendra frutas amargas y una sola manzana podrida logra corromper al resto. Es así como bajo el amparo de estos reinos, un grupo de seres abobinables, envidiosos y resentidos comenzó a fraguar cobardes conspiraciones. Su mezquino interés no era otro que derrocar reyes, fomentar guerras y liguidar a la Santa Iglesa Católica. Algunos, los más exaltados, incluso pretendían fomentar, sino obligar a su práctica, el amancebamiento, el concubinato, el amor libre y el contacto carnal sin distinguir entre pares o nones, fruta o verdura, carne o pescado. Su ideario, era una mezcla de satanismo y -¡oh, espanto!- liberalismo. Hoy día, a esos facinerosos los llamamos socialistas, separatistas o antipatriotas, pero en aquellos tiempos, a falta de otra nomenclatra, fueron denominados masones.
Con unos reyes incapaces de creer que en sus dominios pudiera extenderse la sombra de la maldad y una Iglesia preocupada tan solo por hacer el bien, ajena a las intrigas mundanas, los conspiradores crecieron en poco tiempo hasta convertirse en una fuerza poderosa.
Al principio no les debieron ir bien las cosas a estos bellacos. Me atrevo a hacer esta afirmación basándome en el autor, ya que apenas cita desmanes en Inglaterra,´cuna de la masonería y país desde donde ésta se propagó por todo el mundo, y minimiza los el peso de los masones en Estados Unidos, curiosamente la nación donde esta plaga ha tenido una mayor influencia. Claro que si los líderes de estas superpotencias fueron tan magistrales como los que ahora las presiden, los admirados Blair y Bush, no es de extrañar que la herejía fuera sofocada con mano firme. Ya lo sé, amigos, falta un nombre para completar ese trío de paladines, el del venerado Jose María Aznar, cruz y norte del autor de esta obra, pero su mera ausencia revela con exactitud el grado de maldad de esos roj... perdón, masones. Pero no nos adelantemos a los tiempos y prosigamos.
La primera demostración de poder de esos indeseables fue la caida del reino de Francia, con la posterior proclamación de la república. Pues debeis saber que nadie en el país galo deseaba derrocar a la monarquía salvo un grupúsculo de masones y que todos cuanto acudieron a La Bastilla iban engañados. A la masonería se debe tambien el sectareo slogan de "Libertad, Igualdad y Fraternidad", insidiosa frase que para el autor resume todos los males que a partir de ese momento aquejan al mundo -al suyo, claro-.
Como es natural, las ansias de destruir cualquier poder establecido no acabaron aquí. Los masones pornto fijaron su mirada sedienta de sangre en un país que hasta ese momento -y en especial en esos años - levantaba las más hondas admiraciones y envidias de todo el mundo. Nos referimos claro está a España. En un principio los conspiradores trabajaron para fomentar la sedición. Las hordas masónicas lograron la independencia de lo que el autor aun debe considerar sus colonias, saltándose -siempre según su criterio- los anhelos y deseos de la población local, orgullosa hasta la fecha de formar parte del imperio español y sin el menor interés de convertir en naciones aquellas españolísimas provincias de Chile, Argentina, Uruguay, etc.
Según nos ilustra Vidal, la invasión napoleónica de nuestro país se gestó tambien en las logias, como un nuevo intento de acabar con lo español. Expulsado el gabacho a fuerza de raza, aquellos indeseables no solo no desaparecieron sino que además anduvieron detrás de maniobras tan sucias y antipatriotas como la declaración de la Primera República. Tras el nuevo fracaso los masonazos parece que se lo tomaron con un poco más de calma pero a partir del siglo XX contraatacaron con nuevos bríos.
Por lo visto, la Revolución Rusa fue solo un ensayo para los masones, cuyo verdadero objetivo, aquel que siempre les había quitado el sueño desde su fundación, no era otro que destruir España. Para ello, los hijos de la viuda no dudaron en infiltrarse en lo que el autor califica sin tapujos como "grupos antisistema", denominación que encuadra a cualquier estamento político, sindical, laboral, militar , regional o cultural que no alabara las virtudes de alguien tan bien dotado para la política como ALfonso XIII. Arteros, intrigadores y, por desgracia para Cesar Vidal numerosísimos, los conjurados lograron poner de patitas en la calle al alfonsino, proclamándo en España la II República.
Tiempo de acabárase, horror y espanto para el autor que demuestra la perfidia de esos miserables metidos a políticos con ejemplos tan significativos como que los republicanos deseaban un estado laico y sin beneficios para la iglesia católica. Para colmo, estos sátrapas no tuvieron bastante con crear la república sino que socialistas y catalantes intentaron destruirla, ya que se alzaron en armas contra ella en 1934, dando origen, en contra de lo que todo el mundo piensa, a la guerra civil española. Para reforzar tan innovadora tesis, Vidal se apoya en historiadores del prestigio de Pio Moa, un erudito que, cual San Pablo, cayó un día del caballo de los GRAPO para abrazar sino la fe, seguro que la FAES.
En base a estos argumentos explica el autor que el pobre Geneal Franco se dignara a arreglar un poco las cosas. Lo hizo, desde luego, y España volvió a ser el oasis bendecido por el autor de este libro. Un pais sin socialistas, sin masones, casi sin catalanes y vascos, con hombres que volvían a ser machos y mujeres relegadas en sus roles seculares, velados todos por una Iglesia católica garante de nuestra moral y educación. Fueron cuatro décadas de paz y armonía.
Para acabar el autor nos alerta de los peligros que para nuestra sociedad actual, cuajada de masones, represente la democracia,... salvo que gobierne el Partido Popular, claro está, el único referente que aún nos queda de esos antiguos y felices tiempos. Y es que la masonería vuelve a estar en pie de guerra: Vierte barcos de combustible como el Prestige, accidenta aviones como el Yak 43, incita a barbaridades como el pacifismo y la tolerancia, pugna por la desmembración del estado español y fomenta la mariconería. Para despedirse, nos recueda que le abuelo de Zapatero fue masón, un hecho que, al margen de significar una mancha en la genealogía de cualquier español de bien, sin duda ha de marcar toda la política de nuestro gobierno.
Para Vidal este cuento no tiene final feliz, pese a que atisba un rayo de esperanza. Y es que pese a vivir en una sociedad dominada por la rojería, el separatismo, la masonería, el liberalismo y la mariconez, la libertad sin libertinaje aun mantiene pura la palabra en labios de resistentes como Jiménez Losantos, Pío Moa o él mismo. Siempre nos quedará la COPE"
RESUMEN
Para César Vidal, los masones solo son una excusa para aglutinar todos los males que según él aquejan a este país. Y es que este hombre y los de su cuerda precisan siempre de conspiradores. Conste que la eleccción no es casual, ya que ha escogido precisamente a la asociación más demonizada por su admirado Caudillo. Pero vamos, en un momento de apuro podría haber echado mano de cualquier otro colectivo las hermanitas de la caridad, el tercio de regulares, el cuerpo de trabajadores de correos o el Atlétic de Bilbao. El caso es tener siempre un enemigo, palabra amplia que para el autor engloba a cualquiera que no comulgue con la idea de España del Partido Popular. Si tu, querido lector, al igual que yo, tambien crees que formas parte de esa ampla masa de excluídos y antisistema... ¡Bienvenido a la logia!
NADA RECOMENDABLE